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Archivo de la categoría: Sociedad

Atenas, en el Siglo de Pericles

Pericles

El S.V a.C. mostró, tal vez, el momento de mayor esplendor de Atenas. Tucidides pone en boca de Pericles esta oración a los muertos, en la Guerra del Peloponeso:

 Nuestro régimen político es la democracia, y se llama así porque busca la utilidad del mayor número y no la ventaja de algunos.

Todos somos iguales ante la ley, y cuando la república otorga honores lo hace para recompensar virtudes y no para consagrar el privilegio. Todos somos llamados a exponer nuestras opiniones sobre los asuntos públicos. Nuestra ciudad se halla abierta a todos los hombres; ninguna ley prohíbe en ella la entrada a los extranjeros, ni les priva de nuestras instituciones ni de nuestros espectáculos; nada hay en Atenas oculto, y se permite a todos que vean y aprendan en ella lo que bien les pareciere, sin esconderle ni aquellas cosas cuyo conocimiento pueden aprovechar nuestros enemigos, porque confiamos para vencer no en preparativos misteriosos, ni en ardides y estratagemas, sino en nuestro valor y en nuestra inteligencia. 

Tenemos el gusto de lo bello y cultivamos la filosofía, sin que eso debite nuestro carácter. Si poseemos riquezas no es para guardarlas ociosas ni para envanecernos de su posesión, sino para emplearlas productivamente.

Para nadie es vergonzoso entre nosotros confesar que es pobrelo que sí es vergonzoso es no tratar de salir de la pobreza por medio del trabajo. Todos los ciudadanos, incluso los que se dedican a trabajos manuales, toman parte en la vida pública; y si hay alguno que se desinteresa de ella se le considera como hombre inútil e indigno de toda consideración. Examinamos detenidamente los negocios públicos porque no creemos que el razonamiento perjudique a la acción; lo que sí creemos perjudicial para la patria es no instruirnos previamente por el estudio de lo que debemos ejecutar. Esto hace que tengamos al mismo tiempo inteligencia para razonar los actos que debemos ejecutar y audacia para ejecutarlos, diferenciándonos así de los demás pueblos en que la ignorancia los vuelve audaces y la razón inactivos.

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Publicado por en 28 de mayo de 2013 en Filosofía, Sociedad

 

Nativos digitales y docencia (brevísima reflexión, más bien un cable a tierra)

La frase: “Los alumnos son nativos digitales mientras los docentes no” entraña la idea de que el docente es viejo por definición. Yo soy docente.

Cuando nací, en casa había una Atari y, casi podría apostarlo, una Comodore 64. A los 4 ó 5 años (tal vez a los 3) ya sabía que poniendo “cd juegos” entraba a la raíz de juegos y que poniendo “cd…” iba saliendo de las diferentes “carpetas”.

A los 15 años tuve internet, conexión dial up (esa del tuuuniiiiing tuuningg briiiiiiiiippp biyú biyú…), usaba el IRC o el ICQ (gloria eterna al Ai sic iu). Cuando hoy veo la invasión de “memes” u otros chistes gráficos lamento que ya no exista “Planeta Yerba” o “Mundo Yerba”.

Jamás tuve mail en Yahoo.

A partir del año 2004 me propuse aprender algunos rudimentos del Photoshop, de la edición de videos y la edición de páginas webs (arranqué con Dreamweaver pero me costó mucho y lo abandoné), hasta que encontré Blogger y arranqué con un blog. Para editar el html busqué tutoriales y aprendí algunas cositas.

Me costó mucho, me pasé horas y más horas leyendo páginas y viendo videos en Youtube hasta que aprendí… cosas muy básicas, pero que hoy me son útiles.

Soy docente y me molesta muchísimo la idea de que “Todos los docentes, por definición, no saben usar una computadora”, “Ser docente no es otra cosa que no saber nada de tecnología”… Obvio que hay un montón de cosas que no sé, que me faltan por aprender y por eso sigo en la búsqueda, sigo en el camino (actualmente estoy haciendo dos capacitaciones sobre Educación y TIC´s).

Soy un nativo digital que trabaja en la docencia. Y me está cansando un poco la idea de que los docentes estamos alejados de la tecnología porque eso es pensar en docentes que nacieron hace 40 ó 50 años -donde tener una computadora en casa era imposible-. Espero el momento en que muchos se den cuenta que muchísimos docentes nacimos en la era digital.

 
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Publicado por en 31 de octubre de 2012 en Escuela, Opinión, Sociedad, Trabajo

 

Una excelente explicación del Himno Nacional Argentino

El 11 de Mayo de 1813 la Asamblea del año XIII sancionó como Himno patrio el compuesto por López y Planes-Blas Parera.

Con el tiempo la versión original sufrió modificaciones hasta ser la que conocemos hoy en día.

Nuestro Himno encierra muchos mensajes. El verso es el más obvio, pero la música encierra historias que forjaron nuestra nación.

La versión completa reza:

Coro
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.

Oid ¡mortales! el grito sagrado:
¡Libertad, libertad, libertad!
Oid el ruido de rotas cadenas:
Ved en trono a la noble Igualdad.

Se levanta a la faz de la tierra
Una nueva y gloriosa Nación:
Coronada su sien de laureles
Y a su planta rendido un León.

Coro

De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar;
La grandeza se anida en sus pechos,
A su marcha todo hacen temblar.

Se conmueven del Inca las tumbas
Y en sus huesos revive el ardor,
Lo que ve renovando a sus hijos
De la Patria el antiguo esplendor.

Coro

Pero sierras y muros se sienten
Retumbar con horrible fragor:
Todo el país se conturba con gritos
de venganza, de guerra y furor.

En los fieros tiranos la envidia
Escupió su pestífera hiel
Su estandarte sangriento levantan
Provocando a la lid más cruel.

Coro

¿No los veis sobre Méjico y Quito
Arrojarse con saña tenaz?
¿Y cual lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y la Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
Luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?

Coro

A vosotros se atreve ¡Argentinos!
El orgullo del vil invasor,
Vuestros campos ya pisa contando
Tantas glorias hollar vencedor.

Mas los bravos que unidos juraron
Su feliz libertad sostener.

A esos tigres sedientos de sangre
Fuertes pechos sabrán oponer.

Coro

El valiente argentino a las armas
Corre ardiendo con brío y valor,
El clarín de la guerra cual trueno
En los campos del Sud resonó;
Buenos Aires se pone a la frente
De los pueblos de la ínclita Unión,
Y con brazos robustos desgarran
Al ibérico altivo León.

Coro

San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
Del tirano en la Banda Oriental;
Son letreros eternos que dicen:
“Aquí el brazo argentino triunfó.”
“Aquí el fiero opresor de la patria
Su cerviz orgullosa dobló.”

Coro

La victoria al guerrero argentino
Con sus alas brillantes cubrió,
Y azorado a su vista el tirano
Con infamia a la fuga se dio;
Sus banderas, sus armas se rinden
Por trofeos a la Libertad.
Y sobre alas de gloria alza el pueblo
Trono digno a su gran majestad.

Coro

Desde un polo hasta el otro resuena
De la fama el sonoro clarín.
Y de América el nombre enseñado,
Les repite ¡mortales! Oíd:
¡Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al Gran Pueblo Argentino, Salud!

 
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Publicado por en 11 de mayo de 2012 en Sociedad

 

Usá el cinturón… una hermosa campaña

 
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Publicado por en 7 de mayo de 2012 en Sociedad

 

Me cago en los que se cagan

Una sociedad más o menos decente es aquella en la que uno puede desarrollarse como individuo y este desarrollo repercute en un beneficio para todo el grupo. Por ejemplo: en una sociedad decente uno puede hacer la escuela primaria, la secundaria, entrar a estudiar medicina y después laburar curando a los enfermos (y más decente es cuando esto lo puede hacer el hijo del presidente y también el del profesor de Filosofía).
En una sociedad más o menos decente vos recibís mucho y das algo: das lo que aprendiste, das tu tiempo, tu esfuerzo, tu lucha.
Así es como todos podemos estar mejor.
En una sociedad más o menos decente la gente no se jode entre sí, porque entienden que si jodés a alguien de alguna manera te estás jodiendo vos, porque en esta sociedad que planteo la gente es buena.
Pero nuestra sociedad no es decente: muchos, muchísimos se cagan en los demás simplemente porque respetarlos implica hacer un esfuerzo: ponerle freno y rebenque a nuestra propia voluntad no siempre es fácil, pero algunos entendemos que es necesario.

“Está muy mal escupir en la calle y escuchar cumbia en el colectivo sin poner los auriculares”, les dije a unos alumnos.
“Si le molesta la música bájese del colectivo y tómese otro”, me contestaron.
Claro, yo que estoy yendo a laburar me tengo que bajar del colectivo porque me revienta la cabeza que el pibe del al lado ponga música en su celular o en un parlante portátil (de esos que le ponés una tarjeta SD y podés dar música a toda una cuadra, invento del mandinga para joder a la gente) y aclaro que me da exactamente igual que sea la cumbia del tecladito “pi-pi-pi-piiii” o “Rezo por vos” del inmortal Flaco, cuando ya venís cansado de laburar y estás viajando para seguir laburando te rompe por igual. Aunque no importa si se trata de trabajar, se trata de que molesta al que viene de jugar en la plaza, del que viene de visitar a su amante o a quien fuera.

Entonces, según la lógica de mi alumno: si no te gusta, es tu culpa.
Si no te gusta lo que hago, es tu problema. Yo lo voy a seguir haciendo porque quiero y puedo y vos te la tenés que bancar porque el colectivo es de todos y ahora lo estoy usando yo y yo hago lo que quiero aunque a los demás les moleste.

¿Saben qué creo que es lo peor? Que esta gente jamás se puso a pensar si lo que hacen les rompe las pelotas a los demás, simplemente lo hacen como autómatas de la diversión: les divierte, lo hacen.
Lo que es peor es que, temo, la primera vez que lo pensaron fue cuando se lo planteé y siquiera se tomaron cinco minutos para pensar su actitud: la culpa era mía por no bajarme del colectivo.

Una sociedad más o menos decente es aquella en la que todos hacemos algo por todos para que todos la pasemos lo mejor posible y reflexionemos qué es lo mejor posible.

 
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Publicado por en 27 de abril de 2012 en Sociedad